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23 marzo 2006

Ensayo sobre por qué el suicidio no debe ser ilegal

Desde tiempos inmemoriales ha existido el concepto del suicida, del suicidio en si. Por sobre los tiempos y las culturas, el mundo entero ha sabido de muertes voluntarias, algunas cargadas de ceremonia y honor, otras de religiosidad y otras de angustia y depresión.

Dejando de lado los motivos específicos y la metodología que un suicida tenga en mente, atengámonos al hecho mismo de decidir que es inconveniente que la propia vida continúe.

Ya John locke lo dijo: “la vida es un derecho inalienable del ser humano”. Somos amos y señores de nuestra vida, por tanto podemos terminarla cuando lo estimemos conveniente sin tener que dar cuenta a nadie al respecto. Es precisamente aquí donde cabe detenerse un momento y notar que una prohibición para terminar nuestra propia vida significaría precisamente que ya no somos dueños de ella, por lo menos no completamente.

Ahora bien, es la sociedad la que mediante las leyes nos impone esta prohibición, por tanto es la sociedad misma la que se toma el poder sobre la decisión más básica y elemental del hombre como individuo, la decisión se vivir. ¿Cómo podemos hablar de libertad si no podemos siquiera elegir vivir? No podemos. El suicidio es en esencia la expresión máxima de la libertad individual, y ya sin libertad ¿Qué nos queda?, nos queda un mundo de ilusiones, donde vivimos una vida prestada y jugamos a ser libres, y para no caer en esta realidad desesperada tenemos que infringir las leyes de la sociedad, o por lo menos estar dispuestos a hacerlo en el caso que nos decidiéramos por el suicidio.

Pero, damas y caballeros, el suicidio se prohíbe y la sociedad nos empuja a vivir una realidad desesperada. Démonos cuenta que la vida ya no es un derecho sino un deber, y toda la estructura social se invierte y se contradice, la humanidad entera esta dispuesta a abogar por la vida pero nadie por la muerte, porque la muerte está prohibida, la decisión ya fue tomada, “ser o no ser” ya no es la cuestión. Pero no solo nos prohíben el cuando morir, sino también el cómo, nos obligan a vivir en la incertidumbre, a dejar asuntos inconclusos a la hora de morir, a correr el riesgo de vivir “de más” y tener que resignarnos a unos insoportables últimos años de vida o simplemente nos quitan el gusto de una muerte estéticamente aceptable.

Una pregunta infaltable es ¿Qué pretende la ley declarando ilegal el suicidio?, es evidente que alguien que ya ha tomado la decisión de matarse no reparara en un detalle tan insignificante como la ilegalidad de su determinación, por otro lado si el sujeto lleva a cabo un intento fallido de suicidio, la pena por este delito no será nunca un elemento disuasivo para evitar que lo intente de nuevo, lejos de eso es mucho más probable que haga la vida de este sujeto aún más miserable y que esto contribuya a la idea de auto eliminarse. Tampoco la ley aquí tiene sentido.

No es que busquemos el suicidio, pero en innegable que la sola opción de ello nos hace más libres, y es el ejercicio de la libertad lo que en el fondo caracteriza al ser humano, son las opciones que tomamos las que nos diferencian, las que nos hacen individuos entre muchos otros individuos. Limitar nuestra libertad innecesariamente es de los actos más inhumanos que pueda haber.